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«En 1994 había pocas mujeres policías, éramos una ‘anécdota’»

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Elena BurésElena Burés

Barcelona
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Ingresó en los Mossos d’Esquadra en 1985, segunda promoción del cuerpo, aunque primera para las mujeres. Rosa Gubianes (1960) no sintió una especial vocación por ser policía. Como recuerda, en aquel momento la policía catalana contaba con escasas competencias, pero su hermano iba a opositar y ella se animó. La pasión por el oficio le llegó después, desempeñándolo. Explica que, por ser ‘mossa’, vivió las mismas discriminaciones y actitudes machistas «que en cualquier otra profesión se ha podido encontrar una mujer».

En 1998, Gubianes fue la primera en alcanzar el rango de subinspectora, cuando todavía no había inspectoras, ni tampoco comisarias. Aún hoy, solo el 21% de los más de 17.000 integrantes del cuerpo son mujeres, y el porcentaje se desploma en los escalafones superiores. La actual jefa de la Unidad de Igualdad admite que su «profesión tiene unos estereotipos muy masculinizados» y que «el requisito de una altura mínima» para ellas -1,60 m hasta hace dos años, cuando se erradicó-, ha dificultado su acceso al cuerpo; mientras que conciliar la vida familiar con la laboral sigue lastrando los ascensos femeninos -en la cúpula son tres de 28-.

En sus inicios, las ‘mossas’ vestían falda.

Y mocasines -ríe-. Cuando se creó el cuerpo, alguien pensó, con más o menos acierto, que las mujeres tenían que ir con falda pantalón, pero el día a día demostró que ese uniforme no era muy operativo, y acabamos llevando pantalones y los mismos zapatos que los compañeros.

¿Se rebelaron?

Fue algo espontáneo. Llegó el invierno, con la excusa del frío te pones los pantalones, nadie te dice nada, y ya está. No tuvimos que hacer una manifestación -ríe-. Fue algo natural.

¿Su primer destino?

La seguridad del edificio que en aquel momento era la sede del cuerpo, en el paseo Pujades.

¿Sorprendía entonces que una mujer fuese ‘mossa’?

Llamaba la atención. Cuando comenzamos el despliegue en Cataluña en 1994 -cuando los Mossos asumieron las competencias de seguridad ciudadana- también, porque había pocas mujeres que fuesen policías. Éramos un poco… una ‘anécdota’.

¿Cómo es llegar a un oficio en el que no hay mujeres?

Hablamos de hace 36 años, no éramos tan conscientes de esta diferencia.

¿Fue por vocación?

En 1985 prácticamente no teníamos competencias. Solo en juego, en menores, y la seguridad de edificios y de los miembros del Govern, por eso es difícil poder hablar de vocación en aquel momento. Cuando entramos en la academia sí sabíamos que la intención era de que los Mossos fuesen la policía integral de Cataluña, pero todo sonaba muy lejano para un cuerpo que entonces tenía poco más de 600 efectivos.

¿Sufrió alguna discriminación o actitud machista?

Las mismas que en cualquier otra profesión se ha podido encontrar una mujer.

¿Y el trato con compañeros y superiores?

Éramos dos promociones muy próximas y jóvenes. Eso evitó situaciones de menosprecio, o no más de las que podía haber en la sociedad de aquel momento. No tenías la percepción de una conducta machista; otra cosa es que no entramos muchas, y que desde aquella época hasta hace poco ha habido algunos obstáculos que han evitado el acceso de más mujeres al cuerpo.

Son unas 3.000 ‘mossas’ en un cuerpo de 17.000 efectivos.

Somos un 21% en buena parte por el requisito de la altura mínima para acceder, que estuvo vigente hasta hace dos años. Por otro lado, no dejamos de ser una profesión con estereotipos muy masculinizados, y aún nos hace falta explicarles a las mujeres que tienen un futuro dentro del cuerpo. Es una asignatura pendiente.

¿Cómo?

Si ya de pequeño le preguntas a un niño qué quiere ser de mayor y te dice policía o bombero, y le preguntas a una niña y dice profesora o enfermera… Son condicionantes que hacen que cuando estos jóvenes entran en el mercado laboral, no vean la profesión como una opción de futuro.

¿Y la escasez de mujeres en puestos de mando?

La carrera profesional acostumbra a coincidir con la edad en que las mujeres deciden tener hijos, y compaginar se hace difícil. Además, en función del ascenso, el lugar de destino puede estar lejos de casa, lo que hace que muchas no tomen la opción de avanzar en su carrera.

¿Escogen entre maternidad o ascenso?

Hay de todo. Afortunadamente, también hay hombres que tienen como objetivo principal el cuidado de sus hijos. Tenemos que intentar buscar estrategias para que las personas puedan desarrollar su carrera profesional sin renunciar a la vida familiar.

¿Posibles soluciones?

Si por tradición era más habitual que un hombre pudiese desplazarse si ascendía y que las mujeres se hiciesen cargo de los hijos, que eso pueda suceder al revés, y que ellos asuman esa corresponsabilidad de la conciliación para permitir que las mujeres puedan ascender.

¿Qué hace la Unidad de Igualdad?

Intentamos impulsar el incremento de mujeres en el cuerpo, y en los puestos de mando. Ahora estamos en la fase de la elaboración del plan de Igualdad y el año pasado se aprobó el protocolo contra el acoso sexual. Hasta el momento se ha activado en seis ocasiones.

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